¿Estás pensando en hacer una escapada dentro de poco? Sé que con el puente tan reciente sientes que tienes las pilas cargadas, pero piensa que, cuando acaben las Navidades, no habrá festivos ni puentes hasta pasados unos meses… y necesitarás recargar.
Déjame que te hable de un refugio en la Sierra de Madrid, un hotel pequeñito y rural a menos de una hora de la capital. Un remanso de paz, con pocas habitaciones, personal amabilísimo, piscina con jacuzzi y un restaurante donde sirven comida para chuparse los dedos. Déjame que te hable de Luces del Poniente.
A finales de Septiembre me escapé a Luces del Poniente con mi novio por nuestro aniversario. Las sillas de la sala de lectura me parecieron tan bonitas que subí una foto a Instagram sin pensármelo mucho y nos fuimos a echar la siesta, uno de los mayores lujos de las escapadas. Cuando desperté, tenía comentarios, emails y mensajes privados de mucha gente que quería saber dónde estaba ese hotelito del que hablaba. Me alucinó que tanta gente estuviera interesada, así que saqué la cámara y le hice un reportaje completo al hotel. Desde Septiembre he recibido ya unos veinte o treinta mensajes de gente que me pregunta el nombre del hotel y que me pide que hable de él para poder visitarlo. Así que.. ¡aquí está!
Luces del Poniente es, para mí, el sitio perfecto para desconectar: sólo tiene trece habitaciones, y si vas cuando hay poca gente, como yo, casi parece que eres el único cliente y que estás en tu casa. Mi estancia favorita es la sala de lectura, decorada con unas sillas muy bonitas y unos ventanales estupendos.
El salón tiene varios ambientes con distintos sofás, una chimenea y mi favorito: un ventanal con un banco y cojines para charlar mientras disfrutas de la vista.
El restaurante es pequeño y acogedor y el personal muy amable. El primer día se aprenden tus preferencias y lo hacen todo a tu gusto durante tu estancia, lo que para mí fue el punto clave del hotel, me hizo sentir como en casa. He estado en muchos hoteles y, aunque todo el mundo es muy amable, es difícil encontrar una sensación de familiaridad así.
La piscina y el jacuzzi también son increíbles, sobre todo si tienes la oportunidad de utilizarlos tú solo, como nos pasó a Luis y a mí. Estaba todo tan vacío y con tanta paz que era como estar en un balneario privado.
Para escribir el artículo he pasado por su web y he visto que los precios van variando mucho en función de la época y de otros factores. Cuando yo fui, en Septiembre y reservando a través de un portal especializado en hoteles, los precios eran muy razonables y asequibles, así que no te dejes llevar si ves algún número desorbitado… ¡sigue revisando! Y ya me contarás si te animas a visitar Cercedilla. ¡El pueblo en sí mismo también merece la pena! ¿Te animas?
¿Y tú, te animas a descubrir el Jardín Secreto de Montera?
















